Buen texto masaje mujer (Carmen enguita)

Violeta acude a un Taller de Masaje genital que ofrezco. Quiere soltar el lastre acumulado de la falta de deseo, la ignorancia, el miedo… Y quiere poner algo de luz en su vida sexual. A sus ya casi 50, se adentra en una aventura que la cambiará para siempre. Aprende, sorprendida, que lo del sexo tiene que ver con su conexión a la vida y a ella misma, antes que con sus relaciones con el otro. Si Violeta no habita su cuerpo, ¿cómo lo va a vivir otra persona? Junto a otras mujeres del taller, descubre cuánto hay por explorar dentro de sí. Abrimos el círculo de bienvenida y cada mujer cuenta sus motivos para querer vivir este pasaje que les ofrezco, conocer la profundidad de sus cuerpos. Hay un factor común en muchas de ellas, insatisfacción sexual, falta de confianza y también una constante sensación de estar perdiéndose algo. Violeta, como muchas de sus compañeras en este viaje, vive en el torbellino profesional, familiar y social que tanto desconecta a las mujeres de su naturaleza profunda. En nuestro Taller de Masaje genital hablamos de la importancia de recuperar lo femenino, del valor de ser todas diferentes. Sí, todas diferentes e igual de valiosas. Durante el taller insisto mucho en que “la sexualidad no puede ser consciente si sigues peleada con tu cuerpo”, que “cada vez que una mujer se mira de forma parcelada y crítica -qué grano, qué culo-, se mutila” y que “si te divides pierdes tu vitalidad y el valor de lo que eres y eso va domesticando tu energía”... … que “las mujeres irradiamos una poderosa energía, que es muy fresca en la juventud, para pasar a ser profunda en la madurez”... El rostro de Violeta se afloja, liberado con el pensamiento de que puede irradiar tenga la edad que tenga. En su intimidad, van entrando en la intensidad de conocer su cuerpo y sus recovecos. Las voy guiando mientras el hielo se va rompiendo al ritmo de músicas que hacen tomar tierra y conectar con esa raíz situada justo entre las dos piernas. Y Violeta, relajada, se atreve a explorar lo más recóndito de su anatomía. Unas y otras se sorprenden soltando ríos de lágrimas, jadeos o suspiros, mientras les digo… “permítelo todo, lo que ocurra, acógelo”. Violeta experimenta la diferencia entre el desahogo acelerado y la irradiación. En lugar de concentrar en un solo punto la energía del orgasmo, probamos a hacerla llegar hasta la última célula de nuestro cuerpo. Experimenta lo que las tres puertas del placer, el movimiento, la respiración y el sonido, pueden hacer por ella y… por su pareja. Se lo contará, lo hablarán. Violeta vuelve a su vida, que pareciera la misma de antes, pero no lo es; ahora busca sus momentos de intimidad para seguir explorando, conociendo su cuerpo, acogiendo y sintiendo. Con cada exploración vence resistencias y descubre… nuevos lugares. Se sabe con más luz, se ha liberado de rémoras, ahora entiende muchas cosas. Se plantea iniciar ciertos cambios en su vida. Sin embargo, el paso más importante que ha dado ha sido pactar un modo diferente de relacionarse con su cuerpo y su energía vital. Y el estupendo y soñado premio ha sido descubrirse como mujer que vive cada día su sexualidad, su vitalidad. ¿Hizo magia? No, pura exploración y vivencia personal. Sólo se encarna experimentando, haciendo músculo.

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